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Colombia nos muestra las cicatrices de la horrible noche que no cesa. Nuestros cimientos como país están sobre las violencias continuadas hacia los pueblos originarios que han habitado ancestralmente este territorio. Violencias, que se han acumulado en la historia de los pueblos, como la violencia del desarraigo o la violencia epistémica que niega los saberes, conocimientos, las lenguas y las formas de comprender el mundo. Violencias que se articulan con la violencia física y la violencia armada que han ocupado territorios y fragmentado los vínculos con éstos, violencia que ha llenado de sangre lugares sagrados y ha generado la negación de la autonomía territorial.

Publicado en Noticias