facebook

twitter

Instagram

flickr

YouTube

Ivoox

email

 

Lunes, 18 Enero 2021 13:20

Diálogos de Verdad en el Oriente Antioqueño, una siembra que necesita ser cuidada y defendida

Autora: Marcela María Gallego Ospina

 

El pasado 28 de noviembre de 2020 se dio un hecho histórico en la zona de Páramo del Oriente antioqueño con el encuentro de reconocimiento y perdón entre algunas víctimas del territorio y los firmantes de paz del partido FARC exintegrantes a los frentes 9 y 47 y que hicieron presencia en los estos municipios. Este fue el cierre de un proceso que se venía adelantando seis meses atrás entre La Comisión Para El Esclarecimiento De La Verdad – CEV- y las instituciones y organizaciones de la sociedad civil del territorio.


Este proceso se originó de una solicitud que algunos representantes del partido FARC hicieron al Centro de Fe y Culturas, para presentarle a la región una petición de perdón. A partir de este momento se inició una concertación con las instituciones y organizaciones, de la cual se derivó una propuesta de proceso que permitiera avanzar realmente hacia la reconciliación y el perdón y que involucrara a los habitantes del territorio. Conciudadanía que viene trabajando desde el 2004 con las víctimas de la región, fue invitada a participar.


Los resultados se dieron gracias a una alianza colaborativa y a los liderazgos territoriales, dispuestos a trabajar por este objetivo para el Oriente, pero también al tejido que se viene preparando desde hace mucho tiempo en la subregión, donde Conciudadanía ha puesto importantes puntadas, entre ellas el trabajo de formación de las Promotoras de Vida y Salud Mental para acompañar a víctimas del conflicto armado.


Es necesario destacar que la Provísame fueron las enlaces en tres de los cuatro municipios, hicieron la búsqueda de las personas víctimas y dinamizaron los eventos previos en lo municipal, su experiencia en acompañamiento psicosocial a víctimas y su liderazgo, crearon un puente para que algunas víctimas se atrevieran a asomarse a la otra orilla para expresar su verdad, y pedir respuestas a los firmantes de paz de las FARC frente a los hechos de violencia.


Estos encuentros con las víctimas, permitieron la elaboración de un documento que respondió a tres preguntas: hechos, consecuencias y afrontamientos sobre cada uno de los acciones victimizantes que se priorizaron para cada localidad: secuestro en Sonson, reclutamiento en Argelia, secuestro y desplazamiento en Abejorral y la toma armada del municipio de Nariño; este documento también recogió los temores y esperanzas de la gente frente a este proceso. Además, gestionaron la escritura de las víctimas en el Cuaderno de la Verdad, un elemento que surgió de ese proceso en donde plasmaron sus relatos y sus preguntas a las extintas FARC y que fueron recibidos por ellos en el evento.


La participación de las víctimas no fue masiva, se encontró una tremenda incredulidad frente al proceso con la guerrilla, lo que evidencia que hay un trabajo enorme por hacer tanto por los firmantes de paz como por la sociedad que quiere acompañara para construir confianza en este proceso.


Durante este ejercicio ocurrieron detalles muy importantes que vale la pena rescatar y seguir potenciando; en el centro del proceso estuvieron las víctimas, fue un encuentro cuidado, preparado con una metodología que veló por mantener una mirada de lo humano, sin que esto hiciera obviar o relativizar las verdades que las víctimas tenían que expresar, así como buscó favorecer una postura y una reflexión que mantuviera el respeto de las víctimas por los excombatientes y por otro lado, que las respuestas de estos a las peticiones de verdad, no fueran una oportunidad para revictimizar o justificar su accionar.


Las víctimas tomaron las primeras palabras en el evento para decir con contundencia el impacto que su accionar había generado el territorio. Fue conmovedor encontrarse con su vivencia hecha palabra para pedirles con toda la dignidad saber la verdad. Su discurso revivió momentos muy duros de la confrontación armada, le expresaron a los representantes de las antiguas FARC que nunca se sintieron representados por ellos, rememoraron nombres de víctimas de secuestro y desaparición, les hablaron sobre los niños reclutados que empuñaron armas en sus filas, que en Argelia se cuentan por centenas, les recordaron que sus acciones trajeron pobreza y abandono a este territorio y además les manifestaron que la gente había quedado afectada en su salud física y emocional por los duelos no elaborados, por el miedo y la zozobra sembrada.


Por su parte, los exfuncionarios de Nariño que vivieron la toma en 1999 fueron claros al hablarles del impacto que esta acción ocasionó a la gobernabilidad del municipio, además de las pérdidas humanas de civiles, entre ellos niños, producto de esta acción. El exalcalde les habló del imperio del miedo y de la violencia a la que fueron sometidos durante el tiempo que actuaron como autoridad en el municipio, resaltando la incoherencia de su acción con los ideales que predicaban, evidenció también el abandono del Estado durante este tiempo, quien también debe asumir la responsabilidad que le corresponde.


Este ejercicio fue sanador para muchas víctimas, el sentimiento de impotencia del exalcalde de Nariño tuvo una oportunidad para hacerse oír por quienes dirigieron y perpetraron esta toma; él era la voz de un pueblo herido, de una institucionalidad que se vio lastimada, pero también de un ser humano adolorido e indignado, que mantuvo esta vivencia por décadas como un asunto pendiente. Pasar del dolor privado al dolor público, decir en un espacio como estos que lo que se vivió fue injusto y escuchar de los responsables la aceptación y arrepentimiento por la manera en que sucedieron los hechos, tiene efectos sanadores sobre quienes participan de este proceso, le devuelve la dignidad a ambos, sana heridas de dolores no elaborados y tiende puentes hacia la reconciliación.


Sin embargo este encuentro también tuvo su efecto en los firmantes de paz, quienes reconocieron su responsabilidad y pidieron perdón; nombraron a las acciones por su nombre, no buscaron soslayar ni minimizar los hechos, reconocieron las afectaciones que estas acciones provocaron en el territorio y su desarrollo, en la democracia y en la vida de sus habitantes; hablaron del secuestro como un error político, reconocieron que tuvieron menores de edad en sus filas y que ocasionaron dolor a las familias. Dejaron a un lado sus razones ideológicas para asentir frente a la solicitud de las víctimas y pedir perdón por los hechos.


Este reconocimiento tiene un valor muy importante, pero no es suficiente, por ello quedaron compromisos fundamentales por cumplir, entre ellos, la respuesta a los cuadernos de la verdad para cada territorio y además dar coordenadas de lugares en donde se encuentran cuerpos, reconocieron que las montañas de Colombia son cementerios.


Sin embargo no se quedó por fuera de los discursos de los testimoniantes, la referencia a la fuerza de la gente y del territorio por resistir a estos hechos, resaltaron las iniciativas de la sociedad civil que pese al miedo se organizaron para exigir sus derechos, incluso a veces directamente a los armados.


Los Diálogos tuvieron como acto simbólico la siembra de la reconciliación, donde las Provísame nos invitaron a una siembra de un Siete Cueros, árbol emblemático de la región, pero también quedaron sembradas esperanzas e importantes retos en el territorio; es un momento para que las organizaciones de la sociedad civil, entre ellas Conciudadanía siga poniendo con decisión su experticia en la construcción de democracia y paz en este territorio, que además, durante estos años, ha regado su semilla y ha abonado el terreno para la reconciliación, e incluso para que este proceso haya sido posible. Muchas de estas semillas han dado frutos y otras apenas empiezan a germinar.


La reconciliación es una planta que en este país ha sido podada y arrancada una y otra vez, por ello lo sembrado en Sonson necesita un terreno abonado y fecundo para que crezca y florezca; requiere, como toda planta, ser regada, cuidada y defendida; además, demanda toda nuestra creatividad y constancia; el territorio cuentan con la Corporación y todos sabemos que como siempre, estará a la altura de la exigencia que trae este nuevo contexto. Vale la pena mencionar que el valioso trabajo realizado por las Provísame, un fruto de Conciudadanía, permite vislumbrar un camino posible y necesario en la proyección de su saber puesto ahora a favor del postconflicto; también es necesario decir que esta experiencia solo es posible gracias al Acuerdo de Final para una Paz Estable y Duradera, otra siembra que hay que seguir defendiendo para que en este territorio y en toda Colombia crezca y de los frutos que está destinada a dar; los de la paz y la reconciliación.

 

Imagen de portada www.freepick.es

Deja un comentario

Asegúrate de llenar la información requerida marcada con (*). No está permitido el código HTML. Tu dirección de correo NO será publicada.